Music IP Holdings abre su portafolio de patentes para IA generativa y convierte a Udio y GRAI en sus primeros licenciatarios, ampliando el nuevo mercado de tecnología musical autorizada.
Music IP Holdings ha dado un nuevo paso en la carrera de la industria musical por establecer reglas comerciales alrededor de la inteligencia artificial. La compañía, creada a partir de una alianza entre Universal Music Group y la firma especializada en propiedad intelectual Liquidax Capital, ha abierto a terceros su portafolio de patentes relacionadas con IA generativa y ha confirmado a Udio y GRAI como sus primeros licenciatarios tecnológicos.
El movimiento introduce otra pieza en un ecosistema que hasta ahora ha estado dominado principalmente por las discusiones sobre copyright, entrenamiento de modelos, autorización de catálogos y uso de voces o identidades de artistas. En este caso, el centro del acuerdo son tecnologías y procesos patentados que pueden intervenir en diferentes etapas de la creación, control y explotación comercial de contenidos generados con inteligencia artificial.
Según Music IP Holdings, su cartera incluye actualmente más de 24 patentes emitidas o aprobadas para concesión, junto con más de 50 solicitudes pendientes. El conjunto abarca procesos que van desde la introducción de una instrucción o prompt hasta mecanismos de moderación, marcas de agua, identificadores, autorización, distribución bajo licencia y sistemas de pago. (UMG) La compañía asegura además que el alcance tecnológico no se limita estrictamente a la música: algunas de las aplicaciones cubiertas se extienden a audio, vídeo, cine, animación, imágenes, texto e incluso determinados usos relacionados con nombre e imagen.
Udio y GRAI, los primeros en entrar
Udio y GRAI son las primeras plataformas anunciadas como participantes del nuevo esquema. Las licencias permitirán a ambas desarrollar servicios basados en tecnologías cubiertas por el portafolio de MIH, entre ellos experiencias de creación de versiones, remezclas y otras formas de interacción musical asistidas por inteligencia artificial. Music IP Holdings también señala que sus tecnologías contemplan mecanismos destinados a limitar la redistribución no autorizada de determinados contenidos generados fuera de los entornos previstos por estos servicios.
En el caso de Udio, la relación con Universal Music Group tiene antecedentes directos. En octubre de 2025, ambas compañías alcanzaron un acuerdo que puso fin a su litigio por infracción de copyright y estableció nuevas licencias de música grabada y edición musical. También anunciaron entonces el desarrollo de una nueva plataforma de creación musical basada en modelos entrenados con música autorizada y licenciada.
Durante aquella transición, Udio introdujo controles adicionales y modificó partes de su servicio mientras preparaba el nuevo modelo comercial. La compañía posteriormente confirmó también un acuerdo con Warner Music Group para desarrollar experiencias de remezcla, versiones y creación utilizando artistas participantes bajo un sistema autorizado.
La nueva licencia de patentes de MIH añade ahora otra capa tecnológica a ese proceso. GRAI, por su parte, se presenta como una plataforma social de streaming que desarrolla su propio modelo fundacional de música y afirma utilizar datos licenciados para entrenarlo. Según la información publicada con el anuncio, su propuesta busca combinar escucha, transformación musical y compensación para los titulares de derechos implicados.
De proteger canciones a licenciar también la tecnología
La creación de Music IP Holdings no comenzó con este acuerdo. Universal Music Group anunció en julio de 2025 una asociación con Liquidax Capital destinada a ampliar y comercializar su propiedad intelectual relacionada con inteligencia artificial. En aquel momento, UMG dijo haber presentado ya 15 solicitudes de patentes junto a Liquidax en ámbitos que incluían colaboración musical, creación multimedia, administración de derechos, protección frente a amenazas de IA y otros usos tecnológicos. Dos de aquellas patentes ya habían sido concedidas. MIH nació precisamente como el vehículo destinado a gestionar y licenciar esas tecnologías en el mercado. Un año después, el número comunicado ha crecido hasta superar las 24 patentes emitidas o admitidas, mientras más de medio centenar continúan en proceso. La compañía ha abierto además una plataforma específica para que otras empresas puedan explorar licencias sobre el portafolio. El cambio resulta relevante porque amplía la estrategia de la industria frente a la IA. Ya no se trata únicamente de decidir si una empresa puede entrenar un modelo con una determinada grabación o composición. También empieza a construirse un mercado alrededor de las tecnologías utilizadas para autorizar, identificar, controlar, distribuir y monetizar las obras derivadas de esos sistemas.
Una nueva capa de derechos, pero todavía con preguntas abiertas
Conviene, sin embargo, separar el alcance del anuncio de algunas conclusiones que todavía no pueden darse por hechas. Una licencia sobre determinadas patentes tecnológicas no equivale por sí sola a una autorización general para utilizar cualquier canción, grabación, artista, voz o identidad. Esos usos pueden depender de acuerdos adicionales y de los derechos correspondientes en cada caso. El propio desarrollo reciente de Udio muestra esa convivencia entre diferentes tipos de licencias: tecnología, música grabada, edición y participación de artistas. Tampoco se conocen las condiciones económicas pactadas con Udio y GRAI. Ni MIH ni las compañías han publicado cuánto cuestan las licencias, cómo se calculan los pagos o qué parte de los ingresos podría llegar a artistas, compositores u otros titulares a través de este mecanismo concreto. Digital Music News y otros medios especializados han señalado igualmente que esos términos permanecen sin divulgar. Lo que sí queda confirmado es una tendencia: las grandes compañías musicales están intentando convertir la relación con la inteligencia artificial en un sistema de acuerdos comerciales cada vez más estructurado. Después de una primera etapa marcada por demandas y enfrentamientos sobre el uso no autorizado de música para entrenar modelos, están apareciendo servicios diseñados desde su origen alrededor de conceptos como consentimiento, identificación, control de derivados, licencias y remuneración. El estreno del portafolio de Music IP Holdings con Udio y GRAI no resuelve todas esas cuestiones. Pero muestra con bastante claridad hacia dónde se está moviendo una parte de la industria: no solo proteger la música frente a la IA, sino desarrollar infraestructura para decidir bajo qué reglas puede utilizarse y cómo puede convertirse esa utilización en negocio.